Muchos expertos han alertado ya de que la exposición constante a este tipo de contenido está aumentando los niveles de ansiedad, con efectos inmediatos en nuestra salud mental. Pero es que, además, el sentimiento constante de alerta y amenaza que nos persigue puede tener consecuencias en nuestra psicología y en la forma en que nos relacionamos.
Así ha cambiado la COVID 19 las relaciones y las actitudes sociales
miedo-contagios despierta actitudes evolutivas profundamente arraigadas que pueden llevarnos, según algunos estudios, a mostrarnos más conformistas, por ejemplo, y a aceptar peor las diferencias. De esta forma, nos volvemos menos tolerantes quizá esto podría explicar en parte fenómenos como el de la llamada ”policía de los balcones”− y nuestras actitudes sociales se tornan más conservadoras. Una investigación realizada en la Universidad de Hong-Kong señalaba también, en este sentido, que exponer a las personas a imágenes evocadoras de una pandemia les hacía valorar más las actitudes de obediencia y conformidad con el grupo y menos las de rebelión o excentricidad.

La amenaza de enfermedad también puede volvernos más desconfiados hacia los desconocidos: malas noticias para nuestra vida social y amorosa. Un estudio publicado en Science Direct alerta de que nuestras primeras impresiones tienden a ser peores ante el miedo al contagio, y que los rostros con un atractivo menos convencional nos resultan ahora mucho menos deseables que antes. También tendemos a sospechar más de las personas de otras culturas, lo que podría llegar a alimentar actitudes xenofobias o racistas.

Ana Sánchez-Anegón, terapeuta y CEO del espacio de coaching El Animal Emocional, asegura: “Es complicado recuperar la confianza cuando estás recibiendo mensajes constantes de miedo y alerta. Tu cuerpo siente que existe un enemigo invisible, y aunque tu cabeza quiere controlar ese miedo, tu cerebro reptiliano te indica que existe un peligro.
Propongo un diálogo entre tu cabeza (neocórtex) y tus emociones e instintos (cerebro reptiliano y sistema límbico). Pregúntate: ¿qué puedo controlar yo? ¿He tomado todas las medidas de seguridad y protección que podía? ¿Qué depende de mí? Sobre todo, debemos darle espacio a la emoción, ya sea miedo o cualquier otra, porque es la única manera de trascenderla. El valiente sigue teniendo miedo, pero no deja que éste le bloquee”, asegura.
Mostrar valentía no significa necesariamente que no estemos asustados. Tan solo quiere decir que nos damos tiempo para tomar decisiones coherentes a pesar de nuestro miedo, aseguran algunos expertos. Casi siempre, permitirnos a nosotros mismos sentir la ansiedad, la preocupación y el miedo puede parecer desagradable, pero debemos aprender a aceptar las emociones incómodas, pues hacerlo puede hacernos volver a nuestro centro con mucha más resiliencia que antes. No se trataría, pues, de evitar o negar nuestro miedo, aunque tampoco de alimentarlo.
Lo cierto es que unas dosis de valentía, o de acostumbra miento, en cualquier caso, pueden resultar necesarias a la hora de retomar las relaciones sociales cara a cara. ¿Qué podemos esperar de estos primeros encuentros?
Sánchez-Anegón señala que debemos saber que ante una situación de estrés como la que hemos vivido nuestro cuerpo va a reaccionar de maneras imprevisibles: “Si la emoción que más estamos sintiendo es miedo, puede que conocer a alguien nuevo, tocarle, besarle, se convierta en una posible amenaza”.
Retomar las relaciones sociales cara a cara puede requerir unas ciertas dosis de valentía

“Las relaciones durante un tiempo serán diferentes, nos preguntaremos con naturalidad si tenemos anticuerpos, si estamos en contacto con personas contagiadas… Estas serán preguntas normales que antes de la Covid19 podrían haber resultado extrañas para un primer encuentro. Y esto no es positivo ni negativo. Las cosas serán diferentes y, como siempre, un mecanismo adaptativo a los nuevos tiempos”, asegura esta terapeuta.
¿Quiere esto decir que debemos forzarnos a salir de casa y retomar nuestra vida social cuanto antes? A decir de Sánchez-Anegón, tampoco se trata de eso. “Si no tenemos ganas de salir debemos pararnos un momento a reflexionar qué estamos sintiendo: ¿Es miedo? ¿Es angustia a un posible contagio? ¿Es un bienestar que me apetece sentir y quiero disfrutar más de la casa? Lo primero que debemos identificar es la emoción. Si vemos que el miedo nos está paralizando debemos escucharlo y ver cómo podemos poner medidas para protegernos del contagio, e intentar dar pequeños paseos, pequeños pasos cada día más grandes para ir superándolo. Si, sin embargo, descubrimos que es una cuestión de que estamos ahora disfrutando más del hogar o de nuestra familia y no tenemos ganas de salir, quizás sea un indicador de que necesitas estar más tiempo con tu familia o reducir tus planes sociales que quizás eran demasiados. Lo importante es detenernos un momento y averiguar qué está pasando, y para eso necesitamos tiempo y quietud” aconseja.
“Debemos pararnos a reflexionar por qué no tenemos ganas de salir; ¿es miedo? ¿o es bienestar de estar en casa?”
Ana Sánchez-Anegón Terapeuta, CEO El Animal Emocional
Y continúa: “Esta pandemia nos ha puesto de frente a una realidad nunca vista y por eso lo que ocurre en nuestro cerebro es que no sabe cómo reaccionar ante lo imprevisto. Es un claro ejemplo de que no podemos controlar cómo nos sentimos, pero sí podemos aprender a gestionar y a aceptar nuestras emociones tal como vengan, casi como simples espectadores y sin atribuirles un juicio o sentirnos mal, porque quizás la tristeza no es lo que esperabas sentir al ver a tu padre tras estar tres meses encerrado. Lo más importante y lo que aconsejo a la hora de enfrentarte a un nuevo reencuentro, o a la hora de retomar una actividad es vivir tus emociones sin culpa . Nos han enseñado a vivir con culpa las emociones que se denominan negativas como la tristeza o el enfado, por eso es importante dejar esa estigmatización a un lado y vivirlas tal y como vengan”, concluye.
Esta especialista alerta también de los peligros del exceso de individualismo en estos momentos: “La crisis del coronavirus puede agravar la falta de lazos comunitarios, y este fenómeno no nos haría ningún favor. Creo que es el momento de tejer redes muy sólidas a través de la tecnología que, aunque nunca van a sustituir el contacto físico, sí van a fomentar que podamos expresar emociones, hablar con personas que no están en el hogar, compartir opiniones, cuidar, proteger y querer. La comunidad y la comunicación entre personas nos va a salvar. ¡Somos animales gregarios!”, asegura.
Desastre global
Sin
embargo, “hay que decir que estamos ante un desastre que afecta a todo
el planeta de forma conjunta, algo que ningún evento de origen natural
ha hecho nunca porque una catástrofe natural dura días o semanas, a lo
sumo, pero los estragos que está causando el coronavirus siguen
prolongándose. Es como si estuviésemos viviendo lo que durante mucho
tiempo hemos visto en series como The Black Mirror”.
Como esas
‘tv movies’ que durante años han llenado los ratos de ocio de los
aficionados a las historias sobre desastres naturales en las que la
humanidad lucha contra un enemigo invisible. Y quizá la que más se
asemeje a lo que estamos viviendo sea Contagio (2011), de Steven
Soderbergh: una americana (Gwyneth Paltrow) se infecta en un casino de
Hong Kong y propaga un virus letal por medio mundo mientras una experta
de la OMS (Marion Cotillard) inicia la búsqueda desesperada de una
vacuna.
En esa ocasión, el cine se anticipaba a la vida de una
manera demasiado certera. Tanto, que los protagonistas de la película
han hecho un vídeo para el Departamento de Salud Pública de la
Universidad de Columbia con consejos para protegerse del coronavirus.
Una manera de advertir a la población de que quedarse en casa es la
mejor forma de combatir la pandemia.
“Nadie estaba preparado para
esto, ni nadie se hubiera imaginado nunca que esta situación llegase
hasta este punto. El coronavirus es un enemigo absolutamente desconocido
que ha logrado confinar a más de 3.000 millones de personas en todo el
mundo, algo nunca visto en la historia de la humanidad. Por eso no me
gustaría encontrarme en el papel de ningún gestor en esta crisis, porque
me resulta inimaginable”, comenta Dorta.
Algunos expertos han
calificado ya al Covid-19 como la peste del siglo XXI. El coronavirus se
une así a las cinco pandemias más letales de la historia de la
humanidad: la viruela, el sarampión, la conocida como gripe española de
1918, la peste negra y el VIH. “No estamos preparados y no había planes
de contingencia para actuar. En España los tenemos, pero no en la
historia reciente, exceptuando la gripe del dieciocho, en la que
murieron más de 50 millones de personas”.
Oportunidad para el planeta
Con
cautela, este experto en climatología avanza que lo que está ocurriendo
“podría ser una oportunidad para empezar a aprender a tratar el planeta
de otra forma y ver lo importante que es hacer políticas ambientales.
Es un buen entrenamiento para comportarnos de una forma más acorde con
el medio ambiente y dejar a un lado el consumo energético irracional,
porque no podemos vivir de espaldas a la naturaleza”.
No se puede
vincular la aparición del coronavirus con el cambio climático, que
tiene más que ver con la “superpoblación” del planeta, pero cuando nada
se sabía del Covid-19, las ciudades comenzaban el día a día atestadas de
gente en las calles, en el metro, en los bares… Si algo ha cambiado es
la reducción de la presencia del ser humano en los espacios naturales y
la disminución de la contaminación en muchos lugares del mundo.
Aunque
una cosa es la contaminación local y otra los gases de efecto
invernadero, las medidas derivadas del confinamiento han provocado un
descenso de los niveles de Nitrógeno en las ciudades más pobladas de
España, según los últimos datos de la Agencia Europea del Medio Ambiente
(AEMA). “Dependiendo de lo que dure el confinamiento puede que se
aprecie una desaceleración en 2020”, apunta el experto de la ULL.
De
momento, esta situación nos ha regalado unas imágenes de la bella
Venecia sin tránsito y con el agua de sus canales casi transparente, de
Madrid y Barcelona con un aire más limpio y de ciervos deambulando a sus
anchas por las calles de algunas ciudades de Japón. La naturaleza ha
empezado a recuperar su lugar en un planeta donde el confinamiento
destroza la economía pero favorece al medio ambiente.


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